NUESTRA HERENCIA CULTURAL

MONUMENTO A LA REVOLUCIÓN

Erigir algún monumento significa honrar, recordar, homenajear, conmemorar, celebrar hechos, personas, movimientos, luchas, logros, sueños, tragedias y un largo etcétera. Cada monumento intenta preservar en la memoria individual y colectiva a aquellas personas y acciones que dejaron huella o que marcaron algún momento o época, ya sea en perjuicio o beneficio de la humanidad o de una comunidad, sea local, estatal, regional, nacional o mundial.

Recordemos que nuestro país, es una invención de nosotros, los mexicanos, sin nosotros, ─valga la redundancia─ México no existe, es una porción de superficie en lo que denominamos América, en el planeta que llamamos Tierra, que se formó a partir de procesos geológicos de miles de millones de años, sin intervención humana. Tuvieron que suceder una infinidad de hechos evolutivos, culturales e históricos, para que hoy nos podamos llamar mexicanos y para muestra, la importante cantidad de monumentos que tiene la mayoría de las poblaciones en México. Cada uno de ellos nos dan pertenencia e identidad a todas las mexicanas y los mexicanos.

En esta ocasión te voy a platicar del Monumento a la Revolución, ubicado en la Plaza de la República, en la Ciudad de México. Pero antes, déjame decirte que la historia está llena de ironías y este monumento es una de ellas.

Como parte de los festejos del Centenario de la Independencia, el 23 de septiembre de 1910, Porfirio Díaz puso la primera piedra del que sería su Palacio Legislativo Federal. Se concibió como una de las más grandes y suntuosas construcciones de la Ciudad de México y del país, ya que se deseaba superar en belleza y altura al Capitolio de Washington, Estados Unidos. Ahora que estás en casa (#Quédateencasa) viaja en el tiempo por la red y conoce como iba a ser este palacio, podrás ver algunas imágenes y maquetas, ¡te sorprenderás!

Tras un notable avance en el armado de la estructura de acero, la construcción fue suspendida por falta de recursos a raíz del inicio de la Revolución Mexicana; permaneció abandonada, inutilizada, saqueada y, poco a poco, desmantelada por más de 20 años, incluso se llegó a pensar en su demolición total.

Para evitar esto en 1933 se propuso aprovechar la estructura de la cúpula para erigir un monumento a la recién concluida revolución. Su construcción tardó alrededor de cinco años.

El monumento destaca por lo masivo y geométrico de su construcción que nos remite a la monumentalidad de los edificios prehispánicos, sin embargo, es fiel representante de una de las corrientes arquitectónicas de ese momento, el Art Decó, estilo que también se hace presente en los grupos de esculturas que se asientan sobre las pechinas de la cúpula. En ellas se representan a la Independencia, las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras.

Años después de su construcción se convirtió en un mausoleo en donde ahora descansan algunos de los principales protagonistas de Revolución. ¿Quieres saber quiénes son? Te invito a que lo investigues. También te cuento que en el sótano se encuentra el Museo Nacional de la Revolución.

Quién le iba a decir a Don Porfirio que una de sus obras por las que pretendía que se le recordara por siempre ─además del bellísimo Palacio de Bellas Artes─, se acabó usando como parte del monumento que conmemora el movimiento armado que lo llevó al exilio. ¿Dime tú, si esto no es una ironía de la historia?