NUESTRA HERENCIA CULTURAL

LA MALINCHE

─ ¡No seas malinchista!

¿Lo has escuchado?, ¿se los has dicho a alguien?, si lo has hecho, sabrás que por lo general, este adjetivo se aplica de manera peyorativa a una persona que prefiere o tiene más apego por lo extranjero, en lugar de lo “mexicano”.

Sabemos que proviene de la Malinche, la mujer/amante de Cortés, la madre del mestizaje, la traductora y la que a partir del siglo XIX y a juicio de algunos historiadores trasciende como una traidora; años después, surgiría el epíteto de “malinchismo”.

Si nos vamos al diccionario de la Real Academia Española (RAE), nos dice: “Malinchista. De Malinche, esclava mexica que desempeñó un importante papel en la conquista española de México, como intérprete, consejera y amante de Hernán Cortés”.

Si me permiten opinar ─y lo voy a hacer─, la RAE también refuerza una visión sesgada sobre Doña Marina, Malintzin; Malinche; por lo que te voy a contar lo poco que se sabe de ella, para que tú saques tus propias conclusiones.

Marina como fuera bautizada por lo españoles fue originaria del sur del actual Veracruz, cerca de Coatzacoalcos. Varios cronistas afirman que nació en cuna noble y que de niña fue secuestrada por unos comerciantes, para ser vendida como “esclava”; y que por azares del destino, terminó con el señor de Potonchán, hoy, en Tabasco.

Después de que Cortés derrotara al señor de Potonchán en la batalla de Centla, la Malinche, aparece en la historia.

Como era costumbre en Mesoamérica, el señor indígena ofreció a los vencedores un grupo de mujeres. Cortés las mandó bautizar y aquella que recibió el nombre de Marina terminó de compañera de Alonso Hernández Portocarrero, primo del Conde de Medellín y el hombre con mayor alcurnia dentro del grupo.

Al explorar las costas de Veracruz, comenzaron a llegar emisarios del centro de México; hablantes de náhuatl, a quien Jerónimo de Aguilar, hablante del maya (y horrorizado de la forma de vida de esta cultura), no podía comprender. Hago una pausa… porque te quiero motivar a que conozcas más, ahora que estas en casa (#Quédateencasa), sobre la fascinante vida de este sacerdote español. Te adelanto un poco; fue un náufrago del siglo XVI, cuyo barco se hundió cerca de las costas de Yucatán, muchos años antes de que Cortés pisara Veracruz. ¡¿Cómo vez?! Cortés no fue el primer español en pisó suelo, hoy, mexicano.

Continúo, Marina sobresalió por sus dotes de traductora, ya que hablaba náhuatl y maya; algún tiempo después aprendería el castellano. Estarás de acuerdo conmigo que una lengua no se aprende “así como así”; debió pasar un tiempo para dominarlo.

Entonces te pregunto, ¿cómo es que se hacía la traducción entre los señores indígenas y los españoles, antes de que la Malinche aprendiera el castellano?

Vamos a analizarlo: Marina, hablaba náhuatl y maya; Jerónimo de Aguilar, maya y castellano; por lo tanto, si se dirigían a Cortés en náhuatl, Marina lo traducía al maya y Jerónimo, al castellano; y viceversa, cuando Cortés dirigía sus palabras en castellano para ser traducidas al náhuatl, Jerónimo lo traducía al maya y Marina al náhuatl.

Cómo te podrás imaginar, eso pudo haber sido un verdadero teléfono descompuesto; y para mí, aquí hay algo clave en toda esta historia de supuestas traiciones. No olvidemos que todo pasaba por el filtro de Jerónimo de Aguilar; sacerdote náufrago ─ repito─ ¡horrorizado! con la forma de vida de los pueblos mayas. En lo personal tiendo a pensar que Jerónimo es responsable de muchas de las tergiversaciones de las que se le acusa a Marina. ¿Tú qué piensas?

Fuera o no de cuna noble, Doña Marina, fue una políglota y diplomática, que dominaba el arte del discurso y los protocolos de las élites indígenas y fue reconocida como legítima interlocutora de Cortés.

Para el pueblo tlaxcalteca representó la unión entre indígenas y españoles, imagen que perduró durante el Virreinato, hasta, que en el siglo XIX, se desató nuevamente la inquisición (en sentido figurado) y la Malinche resultó culpable. ¿Cuál es tú opinión?