NUESTRA HERENCIA CULTURAL

EL PERRO EN MESOAMÉRICA

Hablemos de perros, si eres un amante de estos animales de compañía, estoy seguro que te va a interesar lo que te voy a contar.

Su nombre científico, en algunos sistemas de clasificación, es Canis lupus familiaris, en otros, aparece como Canis familiaris. En esta ocasión no vamos a hablar de la historia del perro, pero sí te debo de decir que este animal llegó junto con el humano hace ya miles de años al continente americano.

En América fue notable la ausencia de animales domésticos, en comparación con lo que sucedió en Asia y en Europa, donde se domesticó a muchas especies, por ejemplo, el caballo, la vaca, el cerdo, la gallina, el burro, etcétera. En lo que hoy es territorio mexicano solo hubo dos, el perro y el guajolote, cuyo nombre científico y ¡muy elegante! es Meleagris gallopavo gallopavo.

Ambos animales era muy apreciados por sus múltiples servicios, pero por ahora solo te voy a platicar del iztcuintli o chichi, dos de los términos generales en náhuatl que se utilizan para nombrar a un perro.

Fueron compañeros de caza, animales de sacrificio, amigos, guardianes, alimento, fuente de materia prima (dientes, huesos y piel), ingrediente para medicinas, símbolo jerárquico, calendárico, de linajes, de la lluvia, de la muerte, de la fertilidad; personaje de mitos, de historias, compañero de los dioses y divino por sí mismo; además de ser puente entre el mundo de los vivos y de los muertos.

Cuando alguien moría, tanto los nahuas y como los mayas sacrificaban a un perro y lo enterraban con el difunto, pues pensaban que cuando el espíritu de la persona fallecida llegara al río del inframundo, se encontraría con el del perro, se montaría sobre su lomo y atravesaría el caudal que lo llevaría al recinto del dios de la muerte; siempre y cuando, ese humano no hubiera maltratado en vida a ningún perrito. De lo contrario, quedaría varado sin poder continuar con su camino.

Los había de diversos colores: negros, blancos, pardos, aleonados y manchados; tenían diferentes tipos de pelaje, pelo largo, corto o sin pelo y de tamaño eran chicos y medianos.

Además de estos perros comunes y corrientes, había dos razas que se distinguían por sus características. La primera ─ y que todos conocemos─ es el xoloitzcuintli. Su talla era más alta que la del resto de los perros mesoamericanos y como bien sabes, no tienen pelo. La segunda, era baja, rechoncha y de patas cortas y se le engordaba para consumo humano, la llamaban tlatlchichi o techichi.

Nuevos hallazgos en el Templo Mayor de la Ciudad de México y en algunas zonas arqueológicas del sureste del país proponen la existencia de dos razas más. Una conocida como maya o perro de nariz corta, y la otra, como loberro, resultado de la cruza entre perros y lobos, la cual, según algunas hipótesis, se criaba para ofrendarlos en importantes ceremonias religiosas.

Hasta aquí la historia de los “firulais” mesoamericanos. Me despido con un guau guau, onomatopeya con la que se representa en el español el sonido del ladrido de un perro.

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  • En América fue notable la ausencia de animales domésticos. En lo que hoy es territorio mexicano solo hubo dos, el perro y el guajolote. En esta ocasión platicaremos sobre el perro en Mesoamérica.
  • Fueron compañeros de caza, animales de sacrificio, amigos, guardianes, alimento, fuente de materia prima (dientes, huesos y piel), ingrediente para medicinas, símbolo jerárquico, calendárico, de linajes, de la lluvia, de la muerte, de la fertilidad; personaje de mitos, de historias, compañero de los dioses y divino por sí mismo; además de ser puente entre el mundo de los vivos y de los muertos.
  • Los había de diversos colores: negros, blancos, pardos, aleonados y manchados, tenían diferentes tipos de pelaje, pelo largo, corto o sin pelo y de tamaño eran chicos y medianos. Además de estos perros comunes y corrientes, había dos razas que se distinguían por sus características.
  • La primera, el xoloitzcuintli, su talla era más alta que la del resto de los perros mesoamericanos y como bien sabes, no tienen pelo y la segunda, era baja, rechoncha y de patas cortas y se le engordaba para consumo humano, la llamaban tlatlchichi o techichi.
  • Nuevos hallazgos proponen la existencia de dos razas más. Una conocida como maya o perro de nariz corta, y la otra, como loberro, resultado de la cruza entre perros y lobos, la cual, según algunas hipótesis, se criaba para ofrendarlos en importantes ceremonias religiosas.